Category Archives: Encierros Sanfermines 2013

Adiós miuras, adiós

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Fotos: Luis Azanza y Berta Bernarte. Texto: Berta Bernarte.

Lento o rápido. Todo es relativo. Para el que corre, el encierro es elástico y su duración es tan personal que habría que inventar otra medida del tiempo. Eterno o visto y no visto. Lo mismo sucede con los Sanfermines. Hay un momento que parece que nunca van a acabar y de repente ya está, es 14.

Hoy los despedimos y el primer adiós ha sido para la carrera, con unos Miuras grandes, sólidos y veloces. Lástima que tanta limpieza se haya empañado con una cogida en la bajada del callejón, apenas entrevista.

A pesar de ser domingo y el último de este año, después de los cruentos encierros de los dos últimas días, el comienzo del recorrido estaba mucho más despejado que en otras ocasiones.

Cuando los Miuras, elegidos para correr en los días que se prevén más poblados porque en teoría son menos dados al derrote, se han lanzado al vuelo, han podido superar sin obstáculos a unos cabestros que parecían sentir en sus patas los siete sprints anteriores. Además del susto de ayer al tener que saltar o buscar un camino alternativo ante la barrera de mozos caídos en el coso pamplonés.

A pesar de la rapidez se han podido vez carreras delante de los astados, entradas y salidas, gestos, porque para aquellos que esperan y se preparan todo un año para disfrutar de estas ocho mañanas, no era cuestión de perderse la última de ellas.

La fatalidad estaba esperando casi ciega al peligro. La inercia de su propio impulso ha llevado a la manada hacia el vallado en la bajada del callejón, atrapando a un grupo, y empitonando sin detenerse a una chica australiana, que caía al suelo y era arrollada.

Mala fortuna en un último encierro que podía haber quedado sin mácula. Un adiós de altura y ancha cornamenta. Porque no hay año sin Miuras. Ni encierro sin buenos corredores. ¡Hasta la próxima!

 

 

 

Toros y corredores atrapados

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Toros y corredores se han encontrado juntos con lo inesperado. Una montonera de mozos a la entrada del coso de Pamplona, que les ha detenido.

Los toros de Fuente Ymbro, unidos a los cabestros, se han confundido con las personas atrapadas.  Incluso dos toros rezagados, un jabonero que ha caído a la entrada del callejón y toro negro que parecía que mostraba cierta querencia hacia todo lo móvil. Sin embargo han respetado pacientes a los caídos.

21 heridos según el último parte médico, con uno de ellos especialmente grave por aplastamiento y síndrome de asfixia. La presión y el peso que han tenido que soportar quienes han quedado abajo ha sido terrible. Quizá tras las imágenes de cogidas de ayer y con muchos visitantes de fin de semana, no se ha visto tanta masificación intentando correr en la cercanía de los astados. Pero si haciendo el recorrido muchos metros por delante pensando en la emoción de entrar en la Plaza de Toros de Pamplona, una imagen que han visto tantas veces. Y sintiéndose seguros al no oír el trote de los animales.

Todavía es pronto para dar detalles y menos opiniones, pero parece una puerta de entrada al ruedo, que habitualmente está cerrada tapando el acceso del callejón al burladero, se ha quedado abierta, reduciendo en gran medida el espacio por lo que tenían que transitar toros y corredores.

Hoy el peligro, la mala suerte de este día 13, podría haber sido la suma de esos factores. Esperemos que la fortuna les acompañen en su recuperación.

No es un juego

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Fotos: Luis Azanza y Berta Bernarte. Textos: Berta Bernarte.

Sabemos que puede pasar, pero con tantos días de toros que no hacían por cornear a los mozos, parecía que el encierro era un juego de niños. No lo es. Los toros de El Pilar lo han demostrado recordando que el peligro está ahí, que es real, que es impredecible. Con tres heridos por asta que han tenido que ser hospitalizados.

El primero justo al final de la cuesta de Santo Domingo ha sido empitonado y levantado por los aires. Se trata del estadounidense Patrick Ekols, con sus 20 años y procedente de Connecticut, que presenta una cornada en el abdomen. Su estado es el que reviste mayor gravedad y se le ha tenido que extirpar el bazo tras sufrir una hemorragia interna. Según el parte médico se encuentra estable y no se teme por su vida.

También quedará en la retina el ensañamiento del toro Langostero con Diego Miralles, un experimentado corredor de la localidad de Morella en Castellón y los desesperados y valientes intentos de otros mozos por llevarse al astado y sacar al mozo de entre sus cuernos, en la calle Estafeta .

Un comportamiento solidario que también mostraron algunos corredores, asumiendo un fuerte riesgo, para ayudar a otro que mientras era corneado en el brazo contra el vallado en el Callejón.

Esperamos que todos ellos tengan una rápida recuperación y todo quede en un recuerdo de esos que cortan el aliento.

Los toros de el Pilar arrastraban fama de tranquilos. Las estadísticas parecían corroborarlo. Pero de nuevo el encierro ha demostrado que no existen reglas fijas. Todo y nada puede suceder.

Torrestrellas multicolores

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Fotos: Luis Azanza y Berta Bernarte. Texto: Luis Azanza.

Se ha cumplido el dicho de no hay quinto malo. Un encierro rápido, con tan solo un herido leve por traumatismo, ninguna cornada y momentos en que los toros de Torrestrella han logrado superar a los cabestros de cabeza.

Segundos arriba o abajo, hoy el recorrido se ha completado en 2’47’’, la rapidez se está convirtiendo en la tónica general, rota hoy apenas con un toro jabonero que ha hecho amago de volver sobre sus pasos en la zona de Telefónica y que iba atento a cualquier movimiento en el callejón. Un descolgado que más parecía un gregario del Tour que ha perdido el pelotón y lo busca con denuedo.

Hoy con una manada con una amplia gama cromática de jabonero, negro, burraco, castaño, no ha sucedido nada.

Que los toros arcoiris de Torrestrella no hayan dado ni media puntada podría ser el titular de hoy. Suena morboso pero la fama de peligrosos venía corroborada por la lista de heridas por asta que acumulan, nada más y nada menos que 21. Por eso siempre que van a salir en el encierro se respira, cierta tensión, una emoción nerviosa que se traslada al público.

Mañana a por el sexto. Que esta aparente calma no haga olvidar que los toros son animales, nobles, pero dotados de dos potentes armas en su cabeza, además de cuatro patas y una potencia arrolladora. Que nadie se confie, porque esto no es un parque temático, aunque cada vez lo parezca más. Los imprudentes siempre dependerán de la bondad de un extraño, el toro.

 

Más veloces que si mismos

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Fotos Luis Azanza y Berta Bernarte Texto Berta Bernarte

Esta vez todo va a ser breve. El encierro con una carrera de 2 minutos 14 segundos, el parte de heridos con tres personas trasladados a centros hospitalarios por traumatismos varios, la sensación de que ya estamos a mitad de la fiesta y que a partir de mañana se entra en descuento; y la crónica que va a pasar como una exhalación.

Los Victoriano del Río han volado, batiendo su propio récord, compactos tras los cabestros, adelantándose uno en Santo Domingo, volviendo al grupo, rezagándose apenas otro resbalando en su propia velocidad, para unirse de nuevo al resto. Empujando con la testuz sin pinchar, arrollando cuerpos como los propios Sanfermines que en estos días intermedios respiran a medio gas. Lamiéndose las heridas de las batallas de magras y gin tonic; recolocándose el estomago y la garganta para la remontada final.

El más corto de las fiestas. Que aunque parezca mentira todavía queda mucha.

 

Vestidos para el encierro

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En cada etapa de su larga historia, con una tradición de correr con los toros tan antigua que es difícil decir cuál es el principio, el encierro se ha vestido de cierto protocolo. La marea blanca y rojo que invade cada rincón de la ciudad es una tradición reciente, popularizada en los años 60 del pasado siglo.

Antes cada cual corría con su ropa de diario que le definía como aprendiz de almacén, empleado en una oscura oficina, pasante o heredero de un comercio. Y los festivos con el traje de domingo, con ese paño cortado a medida, cargado para la mayoría de la dignidad de lo que es único y debe durar.

Una tradición que retomó con respeto Keith Baumchen, conocido como el Bomber, veterano corredor estadounidense fallecido este año, tras una dura enfermedad. Otros, quizá sin saberlo, han recogido el testigo, incluso en día de labor.

Por eso, frente al eterno debate de si se debería implantar el blanco como color único del encierro, surge con fuerza la búsqueda de la diferenciación entre la masa. El resquicio del yo. Algo inevitable. A fin de cuentas ante el peligro, el ser humano tiende a sentirse único.

Por eso, antes del encierro a pesar del compañerismo y del apoyo que se ofrecen muchos de los corredores, se ven momentos de recogimiento, miradas que se vuelven hacia el interior. Soledad entre la multitud.

Esos momentos contienen una elegancia exquisita y contenida, sea blanca, colorida, provenga de Bidart, Palencia, Austin, Macao o Cordoba; o esté cortada en las mejores sastrerías de Savile Row en Londres. El estilo se lleva dentro.

 

Nuevos en la plaza

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Era la primera vez que venían a correr el encierro y no estaban previstos. Tras el descarte de los veteranos Cebada Gago, rechazados por falta de “trapío”, los toros de Valdefresno se estrenaban en un día tranquilo, mucho menos masificado que los anteriores.

Ser los nuevos nunca es fácil. Los astados, aunque inconscientes de su responsabilidad, se han portado, con una carrera rápida, de apenas 2 minutos y 28 segundos, menos de lo dura una canción pop. Lo único que se les puede achacar es que cuando a sonado el cohete y se ha abierto el portalón de los corrales, les ha costado salir. Nervios de neófitos.

Con un cabestro velocista a la cabeza desde Santo Domingo que barría a todo aquel que no podía mantener el ritmo y un toro más oscuro que la noche intentando alcanzarle, este encierro a tenido un regusto clásico. Bonito de los de antes, con momentos en los que los astados se agrupaban y corrían en formación de tres o de cuatro. Como un grupo de coristas bien avenido dispuestos a dar el do de pecho, tras los pasos de su líder.

Los Valdefresno han superado la prueba. Ya no se les puede considerar simples teloneros o sustitutos del grupo principal caído en desgracia. Veremos que sucede el año que viene, si los Cebada Gago regresan como esos viejos rockeros que nunca terminan de retirarse o si esta nueva ganadería se hace un hueco definitivamente en el cartel.

Sin heridos por asta de toro, los cabestros siguen teniendo un fuerte protagonismo aunque sin nombre.  Esta vez para su desgracia.

Uno de ellos ha chocado con fuerza contra un poste en ya en la plaza, quedando tendido en el suelo. Tras levantarse ha intentado salir del recinto por la puerta de  entrada. Se ha desplomado, muerto.  No sabemos si es el que abría la carrera o uno de sus compañeros. Auténticos esforzados de la fiesta, de los que cada están ahí, siempre anónimos.

 

Mucha tela, pero limpia

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Fotos Berta Bernarte y Luis Azanza. Texto: Berta Bernarte.

Ya lo dicen las madres, no salgas de casa sin muda limpia. Nunca se sabe lo que va a pasar. Si no que se lo digan al corredor que al final de Santo Domingo se ha salvado de una puntada por milímetros cuando un astado le ha rasgado el pantalón, en cuestión de segundos, sin dejar de correr.

Porque el encierro de hoy lunes 8 de julio con toros de Dolores Aguirre Ybarra ha sido rapidísimo, rematado en tan solo 2 minutos 25 segundos. Así los momentos de máximo peligro se han producido por esa velocidad de la torada que, junta y con los cabestros delante, ha arrollado a un mozo en Estafeta. Solo a partir de entonces se han podido ver algunas bonitas carreras, al abrirse algún hueco.

Por eso en el parte de heridos, bajas textiles aparte, se han multiplicado las contusiones, sin desgarros, ni agujeros en el cuerpo por asta de toro.

Y en el cajón de sastre que es a veces el encierro, la nota curiosa una vez que los toros ya estaban en la plaza, la ha protagonizado un manso que no se sabe si despistado o con ganas desayunar una buena bala de paja –que, también como suelen decir, más puntadas da el hambre- al encontrare una barrera a medio cerrar ha decidido dar media vuelta y en sentido inverso intentar regresar a los corrales de Santo Domingo.

Una recomendación: manso si, grande y potente también. Mejor no molestarle, ni pararse delante de él, porque con muchos kilómetros en sus patas, es capaz de arrancarse y correr. Si algo se te cae al suelo en su trayectoria, mejor dejarlo estar. Ya lo recogerás luego.

Y una nota para la galería: a pesar de su tamaño imponente los cabestros no hacen el encierro, y mucho menos los mansos. Aunque en Texas, y dicho sin doblez y con toda la simpatía, les gusten más. Aunque también se diga “ande o no ande bicho grande”, en la carrera no es así. Pero lo de la ropa interior, aunque el encierro sea limpio, si. Por si acaso.

El paseo de Deseadito

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Para los madrugadores los domingos por la mañana son para pasear. Más si el termómetro amenaza con apretar a lo largo del día. Para muchos de los que han sobrevivido a la primera noche de Sanfermines, y se encuentran repentinamente con la luz, parece que este domingo era el de darse una vuelta por el encierro a ver que pasa. Correr ya es otra cosa. Cuestión de deseo.

Porque para los que llevan todo un año esperando que el 7 de julio a las ocho en punto los toros salgan a la carrera, no puede haber una mañana más deseada. Sienten los músculos tensos, la mente alerta, preparados para la carrera. Ya no pueden más.

Respecto a los animales, incluso con aquellos con fama de nobles y rápidos como los Alcurrucen, difícil saber qué desean salvo encontrar un camino que les lleve a un lugar menos concurrido. Con todo lo que esto tiene de impredecible.

Hoy en el recorrido la unión de tan diferentes pasiones no ha terminado en drama. Con algunas calles reducidas en ciertos tramos casi a la mitad por la cantidad de personas que se agolpaban solo para decir “he estado ahí”, con un encierro largo -4,06 minutos-, un toro rezagado y un “montón” al final de trayecto parece casi un milagro que las astas no hayan hendido la carne.

Quizá porque la torada, que ha salido con energía, dando saltos y derrotando al aire,  solo pretendía mantener a raya a las paredes humanas. Porque ha seguido de forma ordenada a los cabestros aunque estirándose lo suficiente para que pudieran verse bonitas carreras en la calle Estafeta.

Porque el toro descolgado, Deseadito, se lo ha tomado con mucha calma y ha pasado de la carrera, al trote y al paseo. Como si el ansia por consumir ese primer encierro se fuera modulando, sin prisas, tras algunos excelentes corredores que han mostrado cómo se lleva un astado cuando este se queda solo.

Así cuando Deseadito se ha topado con los restos de esa montonera, humanos confundidos, no se ha abalanzado contra ellos, ni ha hecho por quitarlos de en medio a base de sangre.

Eso si, la tensión y el peligro, se han multiplicado mientras el toro giraba, miraba a los bultos del vallado, personas que incomprensiblemente se quedaban a medio camino sin terminar de saltar al otro lado con el cuerpo fácilmente accesible para las astas, e intentaba retroceder el camino andado.

Finalmente de nuevo muy bien llevado por mozos y pastores ha entrado en la plaza dando saltos, vivaz, como si hubiese recuperado la energía perdida. Sin cornadas, ni heridos graves. Será que pasear es sano. Y desear también.