Category Archives: Encierros Sanfermines 2016

Cabestros voladores

Fotografía Luis Azanza
Las carreras bonitas exigen la cercanía de los toros bravos con los mozos y mozas. Cuando los cabestros son potentes y veloces, puede darse el caso de les estorbe hasta un Miura. Y al intentar sobrepasarlo, si no se puede correr, ni frenar, se puede volar.

Hoy ha sido el último día y eso siempre tiñe el ambiente de cierta melancolía, sobre todo cuando el verano parece haber cogido el autobús para dirigirse al mar o la montaña. En este micro-otoño que súbitamente aparece en Pamplona y que refresca cuerpos y mentes, los Miuras se han mostrado tímidos, veloces pero no ágiles, sobrepasados por unos cabestros que han hurtado la posibilidad de poder correr delante de los bravos en la mayoría de los tramos.

Solo al final al estirarse la torada y separarse las bestias se han visto bonitas carreras. Aunque en su loco galopar, quizá con ganas de terminar ya por este año, un cabestro ha chocado contra un toro. La solidez del Miura, que apenas se ha inmutado, ha convertido el impulso del manso en un vuelo con voltereta, en una acción propia de una película de artes marciales.

Todo parecía que iba a quedar en nada, en el encierro menos peligroso de este 2016, cuando un pequeño montón a la entrada de la Plaza ha multiplicado el riesgo. Dos toros caídos han atrapado algunos corredores. Bichos grandotes, sin la vivacidad de otras ganaderías que nos han visitado este año, que en cuanto han podido han buscado el chiquero, pasado el primer despiste.

Han sonado los dos cohetes y los carpinteros han comenzado el desmontaje del vallado que ha marcado la fisonomía de la ciudad estos días. Todavía hasta la doce de esta noche quedan sanfermines pero el arrastrar de las maletas, el sonido los autocares encendiendo sus motores, el ritmo de escobas y mangueras, los abrazos de los corredores, el crepitar del jamón del último almuerzo, dicen que algo ha comenzado a cambiar.

Hasta que dentro de un año la fiesta, nunca idéntica y siempre igual, comience de nuevo. Y el rito pagano por excelencia regrese a las calles.

Fotografías Berta Bernarte

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Fotografías Luis Azanza

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Embestida de color

Fotografía Berta Bernarte

Cuando el día amanece lluvioso los toros colorados destacan sobre la grisura, brillantes notas de color. Cuando uno abre la carrera da un punto de belleza peligrosa. Hoy un Núñez del Cuvillo, que ya venía derrotando, se ha lanzado contra los corredores empujándoles contra el vallado en Ayuntamiento. Un herido por asta en la pierna es magro balance para tamaña embestida.

Tramo Plaza Ayuntamiento

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Fotografias Berta Bernarte

Tramo Callejón

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Fotografías Luis Azanza

Cuando los hados son propicios

Fotografia Luis Azanza

Hay días que para placer de los buenos corredores, todos es propicio.  El recorrido no está masificado. Se han ido las hordas del fin de semana y el cansancio hace mella. Hoy esperan conteniendo la respiración los más entusiastas.

Como lógica consecuencia de una menor afluencia de juerguistas, el suelo no tenía esa patina capaz de desafiar el poder de los antideslizantes, y convierte adoquines y losetas en gigantescas pieles de plátano. Hoy animales y personas pudieron galopar con los pies firmemente aposentados.

Como dioses clásicos, los Victorianos del Río, se han dejado llevar por su destino sin oponer resistencia. Se les supone nobles, veloces y poco dados a distracciones. Si hay que correr se corre bien, rápido, más rápido, volando hasta batir su propio récord: dos minutos, once segundos.

Por eso hemos podido ver carreras muy hermosas. En las que como en esa vieja Edad de Oro, que como todos los recuerdos mitificados tiene más de imaginario que de real, incluso algún corredor de blanco inmaculado, guiaba al morlaco con un periódico primorosamente enrollado. O vestido para luego acudir al trabajo y oliendo a jabón era capaz de tomar una curva perfecta.

En el que dos desconocidos, en el fragor de la batalla, se daban la mano unos instantes, solidarios en la emoción del momento.

Buenos animales, que iban perdonando incluso a quienes se malcruzaban en su trayectoria. Bellos y enormes. Buenos corredores que delante de estas bestias con buen fondo, han podido sentirse más cerca del Olimpo.

Para regresar luego a la realidad de un martes de café y chocolate, de una normalidad que mientras queden Sanfermines se resiste a volver, de sonrisas y encuentros bajo un cielo lleno de nubes.

Fotografía Berta Bernarte

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Fotografía Luis Azanza

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Levántate y corre

Fotografia Luis Azanza

En el encierro lo principal es poder levantarse. Para llegar a tiempo con la adrenalina como desayuno. Para comprobar que todo está en su sitio tras haber sido arrollado. Para, si eres un Jandilla, terminar el recorrido, entrar en la calma del chiquero y el calor de los hermanos.

Este año los toros están resultando más veloces que los cabestros, lo que siempre es una gran noticia para los que gustan de las buenas carreras. Eso si, el galope feroz hace que ponerse delante de las astas requiera forma, entrenamiento y tanto saber caer, como levantarse bien.

Hoy los Jandilla iban lanzados, apartando y empujando, hasta que ya en el callejón dos toros se han resbalado y chocado entre ellos. Uno ha conseguido continuar su recorrido por sus propios medios. El otro, tumbado sobre el costado y estirando las patas, no lograba recuperar la verticalidad.

Como tantas otras veces, mozos y pastores han acudido en socorro del caído, sea persona o animal. Han ayudado al enorme bicho a incorporarse y a continuar.

Tras ese breve impass el encierro, se ha completado. Limpio, rápido y sin cornadas. Bonita forma de empezar el lunes.

Tramo Santo Domingo

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Fotografias Berta Bernarte

Tramo Callejón

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Fotografias Luis Azanza

Peligrosos hasta el final

Fotografía Luis Azanza

Fotografia Berta Bernarte

El encierro de los Pedraza de Yeltes, nuevos en estas calles, ha tenido un buen ritmo. Han sido unos debutantes cumplidores, como esos esforzados becarios que en vez de disfrutar en la piscina, la playa o entre verdes valles, devoran el verano en oficinas, fábricas y redacciones.

Un entusiasmo que los de Pedraza han comunicado a una carrera, mucho menos multitudinaria que lo esperado para ser fin de semana. Buenos sustitutos, con su amplia cornamenta, para unos Miuras que después de algunos desmanes han perdido su plaza fija el domingo.

Parecía que el saldo iba a conformarse con volteados, contusionados y algunos resbalones. Pero al final, en el callejón que da acceso a la Plaza de Toros y en el propio coso cuando apenas faltaban unos metros para que el riesgo quedase encerrado, se han producido dos cornadas.

Lo dicho: hasta el rabo todo es encierro.

Fotografías Berta Bernarte

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Fotografías Luis Azanza

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Quedaba uno

Fotografía Luis Azanza

Casi un déjà vu. Ha sido la segunda vez que los de Escolar han corrido el encierro. Y de nuevo un toro ha decidido que no le veía mucho sentido y prefería volver al corral. Finalmente ha realizado el recorrido pillando despistados a muchos corredores. Quizá porque no entendían el creciente murmullo que se elevaba de balcones y vallado. ¿Queda uno? QUEDA UNO.

La confusión ha durado unos instantes que, en tiempo de encierro, supone una eternidad. Ha interrumpido saludos, comentarios y abrazos tan comunes sobre los adoquines tras el paso de los toros.

Luego lanzado, mirando nervioso a los lados y derrotando peligrosamente, ha corneado dos veces y volteado por los aires a un corredor en el tramo que une Santo Domingo con Ayuntamiento. Más tarde también ha habido pinchazo en Espoz y Mina.

El balance podría haber sido más duro, ya que se ha pegado al vallado en Ayuntamiento. Por suerte la mayoría se había refugiado al otro lado.

De nuevo en el fragor de la carrera a quien está en el recorrido le es imposible contar. Por eso, como en tantas cosas en la vida, está muy bien mirar hacia delante, pero no está de más lanzar un ojo hacia atrás.

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No te fíes de los descolgados

2do encierro Sanfermines 2016

Fotografia Luis Azanza

Correr detrás de los toros, no es sinónimo de seguridad. Tampoco el hacerse a un lado en el recorrido cuando crees que ya han pasado. Hace falta un encierro como hoy, con unos Cebada Gago que han jugado a ser vaquillas, parando, arrancando, queriendo regresar a los corralillos durante 5 minutos y 45 segundos. Y dejando 6 corneados.

El comienzo veloz no hacía prever el caos y la locura que iba a desatarse. Un toro castaño se adelantaba a los cabestros y parecía que en su prisa por llegar no veía ni corredores, no oía sus gritos. La torada le seguía a algunos metros, compacta, en perfecta formación.

Y sin embargo, de reperente ha sido como si los animales se percatasen que estaban rodeados, que no corrían, como en sus entrenamientos previos, en la soledad del campo. Para unos, como el vivaz pelirrojo que abría la carrera, fue el resbalar, para otros el cruzar la mirada con esos bultos que se habían detenido para verlos pasar cuando la Plaza del Ayuntamiento se convierte en Mercaderes.

Lo que siguió fueron eternos minutos de toros que iban y venían, que tropezaban, que incluso llegaban a pegarse un topetazo en el testuz cada uno en diferente dirección. El resultado seis heridos por asta, cuando podían haber sido muchísimos más. Porque estos Cebada con alma de vaquilla voltearon corredores, les sorprendieron cuando pensaban que el riesgo había pasado, empujaron con fuerza contra el vallado, pero no se ensañaron. Si no, la tragedia hubiera estado garantizada.

Pase lo que pase, incluso los cabestros de cola, es importante recordar que el peligro no ha terminado hasta que se escuchan los dos cohetes que marcan que todos, absolutamente todos, ya están dentro del toril. Porque lo improbable no es imposible, cuando estas hermosas bestias recorren las calles.

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Tramo del Callejon Fotografía Luis Azanza

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Tramo del Santo Domingo Mercaderes  Fotografía Berta Bernarte

Comienza la veloz carrera

Fotografías Luis Azanza/ Texto Berta Bernarte

Primer día, primer madrugón. Visto y no visto. La velocidad ha sido la marca de unos Fuente Ymbro, noblotes y rapidísimos, que no se han salido del guión. Pero cuando el tiempo se detiene en una fotografía, se descubre que cada carrera es un mundo. Lleno de emociones.

Que se lo digan a quien corre, cae, esquiva, siente el roce de las pezuñas contra su piel mientras el toro le salta por encima. Quien ha pensado que el corazón se le detenía al oír el primer cohete, que indica que se abre el portón que separa animales y humanos, y que pasaba de cero a doscientos en el instante de escuchar el segundo.

Quien ha comido suelo. Quien apenas lo ha tocado con la punta de los pies, casi volando. Quien ha logrado intuir los cuernos tras su espalda y ha notado -imaginado- el aliento de la bestia en su nuca. Quien se ve envuelto en el griterío, en el sonido de miles de voces, el ritmo de los cencerros, el percutir del galope contra los adoquines.

Que les digan a ellos que un encierro limpio no es emocionante. Sobre todo tras la espera de todo un año.

Fotografías: Berta Bernarte